Administración y poder político chileno = corrupción:Entre estos tipos y yo hay algo personal

Cristian Cortés Rodríguez

corrupcion4.jpgEl concepto de política se puede entender, dependiendo de los distintos protagonistas, de los más diversos puntos de vista que puedan existir. Los más entendidos dicen que es el arte de servir a los demás, ahora bien, política desciende de la palabra griega “polis” que significa ciudad. Qué se puede deducir de esto, la conducta política en sí, como los que la practican, llámense políticos, deben estar al servicio de una comunidad pública reconocida, como también deben estar aptos para representar las aspiraciones y necesidades de una comuna, provincia, región , país o del mundo entero.
Nuestro Estado Nación no está exento de la política y sus políticos, sin embargo es muy discutible si realizan bien su trabajo.
Sin hacer distinciones a los distintos sectores que llevan adelante el poder político chileno, porque la critica va más allá del gobierno, de las distintas coaliciones políticas, ya sea de derecha o de izquierda. Ahora bien se analizará la política más reciente desde la vuelta a la “democracia” a comienzos de los años 90.
Cuando regresa la democracia a nuestro país y se termina una terrible dictadura, muchos creían que serían libres y que nuestros políticos estarían con el pueblo y su gente, qué mentira más grande.
Se van a cumplir 20 años desde que la Concertación está gobernando, es innegable que se han logrado diversos avances, desarrollos económicos e industriales, pero la educación, la salud, por nombrar algo, siguen siendo un fiasco.
Es una lástima que los políticos actuales, de cualquier ideología, de lo único que se preocupan es seguir llenándose los bolsillos de dinero a costa del esfuerzo general del pueblo chileno. Al hacer campañas electorales prometen y prometen nuevos progresos y terminan gobernando con explicaciones. Y lo más divertido es que piden que los jóvenes que se interesen por la política, y se quejan de la apatía de la juventud actual, de una existencia de un déficit democrático, con qué cara.

Es vergonzoso comprobar por parte de nuestra generación la tremenda distancia que tiene la clase política con lo que podríamos llamar el discurso público y el discurso privado. No es difícil verificar que hay una percepción de la política para la gente y una percepción distinta de lo que es la “realpolitik” para la clase política. La conclusión evidente es que esta clase política ejerce como una verdadera profesión el discurso doble, en que por un lado adulan a la gente pero por detrás se burlan descaradamente de ella. Tienen ansias ilimitadas de poder. Para ellos el estado de derecho es útil en cuanto se ajuste a sus intereses particulares. Su oficio consiste en hacer una carrera política, aferrarse a ministerios, subsecretarías, consejos regionales, lo que sea, con tal de hacer de los recursos públicos, aporte de todos los contribuyentes, una ganancia privada para sus bolsillos. En el fondo odian la democracia, es un incómodo formalismo que entorpece sus verdaderos intereses. Saben mentir con absoluta naturalidad, sus problemas no son los problemas de la gente, sino que son cómo sacar provecho privado de los recursos públicos maquillándolos de servicio público y “desinteresado”. Son tremendamente egocéntricos, megalómanos; con qué ganas le dirían a los pobres lo poco que les importan y lo mucho que los desprecian. Son además arrogantes y prepotentes: anhelan lujos, una vida licenciosa, se creen dueños de las personas, piensan que el poder es un patrimonio personal, como los antiguos patrones de fundo. Les gusta ser servidos por personas que sufren humillaciones. Como los delincuentes que saben dar vuelta los discursos para amenazar a las víctimas aunque los sorprendan in fraganti cometiendo un delito, ellos igualmente usan y abusan de las amenazas de querellas y demandas por injurias y calumnias a quien se atreva a denunciar sus fechorías. Incluso es espantoso ver cómo mujeres políticas que afirman defender ardorosamente los derechos de las mujeres víctimas de violencia doméstica, callan cuando compinches correligionarios de partido cometen atrocidades en contra de las mismas mujeres que ellas dicen defender, venden su silencio a cambio de dinero. Decir intereses de la clase política chilena e intereses de la clase empresarial neoliberal es decir la misma cosa. Los sillones parlamentarios son una mercancía que los grandes empresarios compran, como asimismo las alcaldías y los concejos municipales. Aves de rapiña que necesitan caciques políticos trasnochados, prepotentes y de baja estofa para ocultar, callar, alabar a las empresas que roban. Todo esto de la mano de la compra depredadora de cuanto medio de comunicación puedan convencer con los números de sus chequeras. Es triste comprobar que a nivel local las personas comunes y corrientes deben informarse de incendios, derrames de ácido sulfúrico, accidentes de tránsito, suicidios, a través de la información de boca en boca, pues las cadenas radiales y televisivas sólo informan acerca de las maravillas de las empresas mineras. Cuando se les cuestiona sacan la consabida e hipócrita frase “yo fui torturado”, “yo estuve en Villa Grimaldi”, “yo fui exiliado por la dictadura”, “yo me las jugué por la recuperación de la democracia”. Son capaces de cantar el himno socialista con el puño en alto, un ya desacreditado símbolo “revolucionario”. Cuando queda a la vista los descaros que cometen, ni se arrugan, literalmente, para robar. De un día para otro pueden desaparecer miles de millones de pesos de las arcas de las instituciones públicas, en empresas fantasmas, en campañas políticas, en asesorías que nunca se realizaron, etc. Y nadie tiene la menor idea qué pasó. Si eso fuera poco dan espectáculos gratuitos insultándose unos con otros. Y lo más maravilloso es que nuestros políticos saben de todo, al más estilo de los antiguos pensadores griegos, un año pueden estar de ministros de agricultura y al otro año están en el ministerio de defensa, de educación o el que más les guste, qué pésimo chiste.
Y si comenzamos a revisar los 4 gobiernos de la Concertación, seguimos viendo a los mismos personajes que gobernaron con Aylwin, Frei, Lagos y ahora Bachelet, ¿no se aburrirán de robarse unos a otros? Ni hablar de los partidos políticos que creen que controlan el país, y de cierta manera logran hacerlo, ahí encontramos a los mayores y más ridículos protagonistas del mundo político. Senadores y diputados que sólo aparecen a la hora de rogar votos y desaparecen los próximos años, y como si eso no bastara, ni siquiera van a trabajar ni al Congreso y menos a terreno con la gente que de verdad los necesita.
Estos mismos partidos políticos controlan las instituciones públicas que están al servicio, se supone, de todos los chilenos. Da vergüenza ajena ver como se reparten los distintos departamentos y organismos fiscales, en estos casos entre el partido Socialista, la DC, el PPD y el hermano chico el partido Radical.
Pero lo más lamentable es que estos estamentos públicos podrían estar en las manos de personas realmente interesadas y capacitadas para llevar a Chile a ser un mejor país.
Y el mayor temor para ellos, se produce a fines de los distintos gobiernos, con la incertidumbre si quedaran cesantes o no, en casos de perder el poder de gobierno su respectivo sector político. Y como han pasado una vida entera apernados en sus puestos por años, de perder, se mueren de hambre, porque lo único que saben hacer es robar de traje y corbata. Ésta es una verdadera mafia que tiene sus tentáculos repartidos por todas partes, ya sea en lo político, que es lo preocupante, o bien en el mundo empresarial público y privado.
Al ser éste un año de elecciones presidenciales, las fuerzas políticas levantan sus candidatos como verdaderos dioses que vienen a salvar el país. Analizando a los dos candidatos más fuertes, según las encuestas, se puede decir; Eduardo Frei Ruiz-Tagle Presidente de Chile entre 1994 al 2000, 6 años de un excelente gobierno según él. El señor Frei sufre de la enfermedad de “yo,yo”, es decir, que él en su gobierno hizo todo espectacularmente bien, además es un fiel representante de la DC, no se sabe si es de derecha o de izquierda, ni chicha ni limonada, como dice el refrán criollo.
Sebastián Piñera Echeñique, candidato de la derecha específicamente de Renovación Nacional, empresario y multimillonario chileno, un especulador económico más, que nos llevó a la actual crisis económica mundial. El señor Piñera puede tener todo el dinero del mundo, pero lamentablemente para él, la educación, la inteligencia, la ubicación y la decencia no se compra en un supermercado, y mucho menos la dignidad de la gente. Chile no es una empresa, es un país humanamente especial.
Con estos dos personajes, la corrupción dentro del sistema político nacional no va a cambiar, es más probable que aumente, pagando favores políticos y compromisos adquiridos por intereses personales.
Chile necesita gobernantes serios, que se interesen en terminar con la pobreza, que se esfuercen por lograr reformas laborales dignas y completas, que se preocupen por lograr que nuestro país tenga educación y salud gratis y de calidad, por distribuir las riquezas en partes iguales a todos los actores de este Chile, por dejar atrás los intereses personales y pensar en el bien común de todos.
Cuando se logre poner sobre la mesa estos temas, entre otros, es más seguro que jóvenes y no tan jóvenes se interesen por participar de desarrollo político del país, antes no.
Cuando vemos en televisión que políticos se “sacan la madre”, literalmente, se suben el sueldo ellos mismos, no se abren a discutir temas como la eutanasia y el aborto, y quieren seguir teniendo el poder y control de todo y todos, da asco. Es realmente repugnante ver señores feudales que se creen dueños y amos de la vida de todos los chilenos.
Posiblemente lleguemos al desarrollo total, es muy probable que nos posicionemos fuertemente dentro del concierto de las naciones mundiales, pero si continúan estos personajes manipulando el Estado, las leyes, la justicia nos vamos a demorar mucho más y no alcanzará el beneficio para todos por igual, sino para los que están más arriba, es más, la gente de esfuerzo, el obrero, la dueña de casa, el profesor, el feriante, la gente de clase media, ni el olor de desarrollo económico le va a llegar.
La corrupción es algo muy difícil de detener, pero si juntamos las fuerzas de todos los chilenos decentes, que es mayoría, y sacamos del poder a esos personajes que no valen la pena, y nos atrevemos a decir lo que pensamos mediante la democracia podemos hacer de este país uno mejor. Pero esta es una lucha a largo plazo, no se puede derribar ésta mafia de un día para otro, sin embargo, sí estamos a tiempo de comenzar, más bien si somos una República Democrática.







Erick Layana Venenciano
17 Años
Salamanca

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